INTELIGENCIA EMOCIONAL

 |  Karolina Barrera

INTELIGENCIA EMOCIONAL

 

¿Ustedes saben por qué es tan importante la inteligencia emocional en este momento? O ¿Qué son las emociones, cuales son y para que nos sirven? ¿Cómo podemos manejar nuestras emociones?

Para comenzar veamos las definiciones de inteligencia y emocional.

La palabra inteligencia proviene del latín intelligentia. De acuerdo con la Real Academia Española (RAE), la inteligencia es la capacidad que tenemos para resolver problemas.

Por otra parte, emocional proviene del latín emotio, que de acuerdo con la RAE significa alteración del ánimo intensa o pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.

En conclusión, podemos decir que la inteligencia emocional es el conjunto de capacidades y habilidades psicológicas que implican el reconocer las propias emociones y las de los demás, diferenciar los sentimientos y nombrarlos apropiadamente. Una persona que es emocionalmente inteligente es aquella que es capaz de gestionar satisfactoriamente sus emociones, para lograr resultados positivos en sus relaciones sociales y generar estrategias de adaptación al medio en el que se desenvuelve.

 

HISTORIA DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Hoy en día, podemos observar que la expresión “inteligencia emocional” se encuentra incluida en los discursos de muchas personas. Pero no todos nos referimos a lo mismo cuando utilizamos esta expresión. Para algunos, es una especie de inteligencia más avanzada que la analítica; para otros, es la incapacidad para controlar las emociones; no falta quien cree que es una expresión recientemente inventada por que depende del criterio del observador; y también estamos quienes ni siquiera tenemos idea a qué se refiere.

Siempre hemos oído decir que, la puntuación del test de inteligencia que mide el Coeficiente Intelectual (IQ), es un buen indicador para saber si una persona será exitosa en la vida. Esto es incorrecto y nos ofrece una imagen sesgada e incompleta de la realidad. De hecho, los investigadores empezaron a detectar hace unas décadas, que las capacidades y habilidades necesarias para tener éxito en la vida eran otras que iban más allá del uso de la lógica y la racionalidad, y éstas capacidades no eran evaluables mediante ningún test.

Este concepto ha impulsado el estudio de la evolución biológica del cerebro y las capacidades mentales, siempre anteponiendo la emoción a la razón. Ciertamente, se ha descubierto que las emociones cambiaron el cerebro de los mamíferos hace más de 200 millones de años, donde la amígdala y el hipocampo fueron dos piezas clave a lo largo del proceso evolutivo. Hace 60 millones de años, el cerebro de los primates desarrolló el neo córtex, la corteza cerebral, encargada de regular las funciones vitales básicas y volviéndose más racional por la necesidad de tener una respuesta más rápida que permitiera ganar milisegundos críticos ante las situaciones de peligro.

La amígdala tiene forma de almendra y está asentada sobre el tronco cerebral. Está especializada en las cuestiones emocionales y se considera una estructura límbica ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria. Si se separara del cerebro prácticamente se pierde la memoria, ya que la amígdala guarda los recuerdos que más impacto emocional tuvieron en nuestra vida, como los traumas o nuestros momentos más felices; permite la formación de lágrimas y es la encargada de activar la secreción de noradrenalina, que estimula los sentidos y pone al cerebro en estado de alerta. CARNE

Anatómicamente hablando, el sistema emocional puede actuar independientemente del neo córtex. Existen ciertas reacciones y recuerdos emocionales, que tienen lugar sin la menor participación cognitiva consciente y en ocasiones actúa más rápido. Este desarrollo en el cerebro, nos permite, aunque no siempre lo notemos, tener la capacidad para dominar los sentimientos.

Notemos, que la razón se propuso dominar a la emoción, utilizando sus propias armas: una emoción solo la quita otra emoción, pero debe ser más fuerte en comparación con la que se quiere eliminar y es para eso para lo que sirve la razón. Bien utilizada, la razón siempre va a ser más poderosa que las emociones. Ambas, la razón y la emoción, forman parte del sistema funcional que es la mente humana, siempre van juntas y se necesitan mutuamente. Recordemos que la Inteligencia emocional es la capacidad de gestionar las emociones, pero siempre debe de ser utilizando la razón, aunque tomemos en cuenta que las emociones movilizan la razón.

 

Pero ¿Quién creen que fue la primera persona que hablo de la inteligencia emocional? Fue el emperador romano Marco Aurelio (121-180 DC), apodado el sabio y verdadero padre de la inteligencia emocional. En su obra “Meditaciones”, incluye la frase “La vida de un hombre, es lo que sus pensamientos hacen de ella”.

Nadie ha entendido mejor que este filósofo de la antigua Roma, la esencia evolutiva de la mente humana, la capacidad del razonamiento para modificar las emociones, el modo de ver la cosas, aunque las cosas mismas no podamos cambiarlas. Esa capacidad, insiste Marco Aurelio, siempre va a estar a nuestro alcance para facilitarnos la vida. Exactamente, utilizando la neo corteza podemos hacer que encajen nuestros razonamientos, nuestras emociones y nuestro comportamiento. Ese encaje es la verdadera esencia de la inteligencia emocional, una capacidad mental tan antigua como el propio Homo sapiens.

Podemos decir, que este concepto fue popularizado por el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, en 1995. Publicó su obra “Inteligencia Emocional”, donde concluye que el Coeficiente Intelectual no es un buen indicador del desempeño exitoso; pero la inteligencia emocional si lo es y redefine lo que significa ser una persona lista.

“Cualquiera puede ponerse furioso, eso es fácil, pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta, eso no es fácil” Aristóteles.

 

Psicóloga Karo Barrera

www.psicologiaentuidioma.online

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

https://dle.rae.es/inteligencia

Aurelio, Marco (1983). Meditaciones. Barcelona: Gredos

GOLEMAN, D., (1995) Inteligencia Emocional, 82. ed. Rio de Janeiro, Objetiva.

Pinel, John, (2001), Biopsicología, 4ª edición, Madrid, España, editorial Pearson Prentice Hall.

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