LAS EMOCIONES

 |  Karolina Barrera

LAS EMOCIONES

 

Si analizamos la importancia de las emociones en nuestra vida diaria, nos daremos cuenta de que la mayoría de nuestras decisiones están influenciadas por estas. Por ejemplo, nos podemos preguntar: ¿Compré mi coche haciendo cálculos sobre la rentabilidad y lo comparé con otros modelos y marcas? ¿Elegí a mi pareja porque era objetivamente la mejor opción? ¿Es mi empleo el que me ofrece el mejor salario?

Se puede decir que las emociones constan de tres componentes:

  1. Fisiológicos: es la primera reacción que vivimos frente a una situación y son involuntarios: respiración agitada, cambios a nivel hormonal, temblor, sonrojamiento, sudoración, dilatación pupilar y aumento del ritmo cardíaco.
  2. Cognitivos: la información es procesada en el cerebro de forma consciente e inconsciente; involucra nuestro conjunto de pensamientos, conocimientos, actitudes y creencias de acuerdo con nuestra experiencia.
  3. Conductuales: se produce un cambio en nuestro comportamiento: expresiones faciales, lenguaje no verbal, acciones, gestos, distanciamiento.

Podemos decir que, los diferentes estados emocionales que cada persona experimenta dependen de sus experiencias anteriores, aprendizajes, carácter y de la situación concreta. Todas las emociones, indican nuestros estados internos, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos y es difícil predecir cuál será nuestra conducta futura, aunque nos ayuda a intuirla. Tomemos en cuenta que algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que se desencadenan son innatas, mientras que otras son aprendidas.

 

EMOCIONES BÁSICAS

Todas las emociones constituyen procesos de adaptación y, en teoría, existen en todos los seres humanos, independientemente de la cultura en la que se hayan desarrollado. Las emociones básicas son:

 

MIEDO: es la sensación de angustia provocada por la presencia de una amenaza o peligro; nos lleva a activarnos hacia la protección.

 

SORPRESA: alteración emocional de asombro o desconcierto, causada por algo imprevisto o inesperado; nos ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.

 

ASCO O AVERSIÓN: sensación de desagrado o rechazo; solemos alejarnos de lo que nos genera esta sensación.

 

IRA: vivimos rabia, molestia, resentimiento, furia, irritabilidad; ¡cuidado! nos induce hacia la destrucción.

 

ALEGRÍA: sentimiento de placer producido por un suceso favorable que suele manifestarse con un buen estado de ánimo, euforia, sensación de bienestar, seguridad; nos induce a reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien y compartirlo.

 

TRISTEZA: dolor anímico, producido por un suceso desfavorable, nos manifestamos con llanto, pesimismo e insatisfacción; nos invita hacia una nueva reintegración personal.

 

Nosotros tenemos alrededor de 42 músculos faciales. Dependiendo de cómo los movemos, es como expresamos determinadas emociones. Esto nos ayuda a expresar lo que sentimos, que en ocasiones nos es difícil de explicar con palabras. Estas expresiones faciales afectan a la persona que nos está mirando alterando su conducta.

Aunque las expresiones también varían un poco en función de la cultura, el sexo, el país de origen, etc. Las mujeres tienen más sensibilidad para captar mejor las expresiones faciales o las señales emotivas y esta sensibilidad aumenta con la edad.

 

RECONOCER LAS EMOCIONES

El saber reconocer nuestras emociones es muy importante para tener una mejor calidad de vida, sobre todo en términos de la salud mental. Cuando somos capaces de poder reconocer las emociones tanto ajenas como las propias, experimentamos menos ansiedad. Existen personas a quienes se les facilita el proceso de reconocer las emociones; otras, por el contrario, necesitamos aprender a hacerlo.

Pero, ¿Cómo podemos reconocer nuestras propias emociones? Este proceso consiste en la capacidad que tenemos para identificar y aceptar nuestras emociones y las de los demás. Es básicamente como hablar otro idioma; al principio podrá parecer confuso y puede ser que no entendamos bien el sentido de algunas cosas, pero luego, a medida que vamos avanzando y manejando este lenguaje día con día, se vuelve más entendible y llegamos a ser capaces de manejarlo con fluidez.

Para tener la capacidad de reconocer las propias emociones, debemos de traer a la parte consciente de nuestra mente, algunos aspectos de nuestra persona que muchas veces pasamos por alto o evitamos pensar en ellos. Esto es lo principal y lo fundamental para desarrollar la Inteligencia Emocional.

Siempre hay temas acerca de nosotros mismos que preferimos dejar en el olvido. Sin embargo, cuanto más pronto nos atrevemos a revisar esos aspectos con un criterio objetivo, más cerca estaremos de lograr entender cómo nos sentimos. Si sientes que no puedes solo, busca ayuda y comienza a atender este aspecto de tu vida; solo así lograrás avanzar y superarte.

Y si hablamos de los demás ¿Cómo podemos reconocer sus emociones? Primero es necesario comprender cómo funciona el lenguaje corporal. Por ejemplo, cuando estamos tristes nuestra cara lo expresa con los gestos y los movimientos todos los músculos que se encuentran en ella y aunque tratemos de disimularlo, el lenguaje no verbal responde a aspectos inconscientes de nuestra personalidad; por lo tanto, se puede notar la tristeza a pesar del esfuerzo por ocultarla. Lo mismo sucede con las demás emociones.

De este modo, cuando somos capaces de relacionar el lenguaje corporal de una persona con sus emociones, estamos más cerca de entender cómo se siente; al igual ocurre con el saber interpretar adecuadamente su discurso. Una persona puede aparentar estar bien, pero cuando hablamos con ella nos da señales de que algo anda mal.

 

CONSEJOS PARA IDENTIFICAR LAS EMOCIONES

Ahora veremos algunas formas en las que podemos ser más precisos en el momento de reconocer las emociones, tanto propias como las de los demás:

  1. Acepta el motivo real de las emociones: toda emoción responde a motivos que para nosotros tienen un significado particular y es capaz de alterar nuestros niveles de consciencia. Si aceptamos la situación y somos capaces de afrontarla por muy irracional que parezca, entonces lograremos reconocer la emoción que estamos experimentando en ese momento.
  2. Reconoce tu entorno: todas las situaciones que se desarrollan a nuestro alrededor, pueden hacernos sentir de diferentes maneras. Es por eso que, cuando dominamos y reconocemos el lugar que nos rodea, podemos saber qué es exactamente lo que detona cada una de nuestras emociones.
  3. Se consecuente con tus acciones: si nuestros pensamientos y nuestros actos van por el mismo camino, vamos a poder reconocer nuestras emociones de una forma más clara, sin caer en disonancias cognitivas.
  4. Prevención ante emociones negativas: este tipo de emociones, sirven para indicarnos que algo nos está molestando o está interfiriendo con nuestros deseos, valores, expectativas o actividades. Nos demuestran, que es necesario hacer algo al respecto. Mientras mayor sea la intensidad, menos control tenemos sobre ella.
  5. Entender las situaciones como realmente están sucediendo: en este punto necesitamos de nuestra capacidad de cognición, que implica utilizar los procesos mentales superiores (análisis, pensamiento lógico, interpretación, resolución de conflictos, memoria, etc.) para entender las situaciones como realmente están sucediendo, y no como nos gustaría que fueran; al emplear este tipo de pensamiento ya estamos reconociendo las emociones de forma real y podemos buscar las mejores alternativas a nuestra situación.
  6. Aceptar que algunas cosas se salen de tu control: existen situaciones en las que no podrás intervenir para alterar su resultado de la forma en la que te gustaría hacerlo; es importante que siempre tengas presente esta limitación. A veces solo tenemos que aceptar que las cosas están pasando de una manera determinada y afrontarlo. Entender eso nos convierte en personas más sensatas y capaces de reconocer nuestras emociones, asumiendo que no las podemos manejar como queramos.

 

Psicologa Karo Barrera

www.psicologiaentuidioma.online

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Aurelio, Marco (1983). Meditaciones. Barcelona: Gredos.

Bisquerra, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.

Coon Dennis, (1998), Psicología Exploración Y Aplicaciones, 8ª edición, México, DF, editorial Thomson.

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